Aceptar la culpa, es un proceso más complicado de lo que a simple vista puede parecer.

Al hablar de culpa en este artículo, no pretendo decir que sea algo difícil para todo el mundo; por lo tanto, aquellas personas que no les cuesta, pueden obviar todas estas palabras.

Sin embargo, el ser humano, como norma general o como parte de su supervivencia, tiene dificultades a la hora de reconocer un hecho; es muy común la tendencia de culpar a cualquier otro suceso (o persona) de algún error nuestro.

Evitar la responsabilidad de lo sucedido con respuestas, a veces absurdas, está a la orden de nuestros días.

Pero, ¿por qué ocurre esto?

Mucho tiene que ver con el proceso de conocernos a nosotros mismos y aceptarnos tal y como somos.

Aceptarnos es un paso fundamental en el proceso de adquirir una autoestima saludable. Nos va a permitir concentrarnos en lo que amamos acerca de nosotros mismos y ser conscientes de lo que no nos gusta, para comenzar a cambiarlo.

Es por eso que “auto-aceptación y autoestima” van de la mano.

No podemos tener estima hacia nosotros si no nos aceptamos tal y como somos.

Sabiendo lo que significa la palabra auto-aceptación debemos aprender a alcanzarla.

En algunos momentos de nuestra vida, no hemos tomado el camino correcto, y esas malas decisiones son las causantes de algunos problemas que nos han surgido.

Esas malas decisiones, son la consecuencia de habernos dejado dominar por algunos defectos, y simplemente debemos reconocer ese “error”.

(que sean defectos o no, es material para otro artículo)

A través de nuestros errores, tenemos la oportunidad de reflexionar y aprender algo nuevo. Cuando revisamos las consecuencias de una acción que acabamos de realizar, es cuando podemos reconocer el error que cometimos. Debido a esto, nos resulta tan difícil prevenir algunos errores, porque sólo podemos reconocerlos una vez que los hemos cometido.

Desarrollar la capacidad de reconocer y aceptar nuestras equivocaciones:

  • amplía nuestra visión de la realidad
  • nos impulsa a asumir nuestra responsabilidad
  • nos enseña a reconocer la presencia de personas afectadas por las consecuencias de nuestras equivocaciones

Hay dos maneras simples de aprender y madurar:

  • Equivocarse
  • Acertar

Es decir, reconociendo y asumiendo las consecuencias que se generan de nuestras elecciones.

Pensamos, casi siempre, que los errores son un fracaso,

pero en realidad, podemos verlos como una herramienta valiosa que nos permite aprender, crecer, hacer cambios y superar las limitaciones.

Para que las relaciones sociales crezcan sanas, debemos aprender a reconocer nuestros propios errores y a aceptar las equivocaciones, siendo responsables de nuestras palabras y asumiendo las consecuencias de nuestros actos y del daño que puede ocasionar a otras personas.

Analizar en qué y por qué hemos fallado, nos hace reflexionar y aprender, para que esa situación no se vuelva a repetir. Podríamos decir que es una buena técnica de enseñanza y prevención.

Pedir perdón nos da libertad, nos hace ser más auténticos y tomar mejores decisiones con mayor seguridad y confianza.

Cuando pedimos perdón estamos demostrando que realmente respetamos y queremos a los demás. Si el respeto es mutuo, esa persona nos perdonará demostrándonos que también nos aprecia y nos respeta.

Sin embargo, ¿por qué a veces nos cuesta tanto pedir disculpas?, y ¿por qué siempre echamos la culpa al de al lado?

Quizás sea porque hacerlo, en cierta manera, mina un poco nuestra autoestima.

Es evidente que a nadie le gusta equivocarse.

Pero, como siempre se ha dicho:

“La verdad nos hará libres”

Así que, entrenemos la capacidad de asumir responsabilidades, aunque sea algo simple; como por ejemplo, dejar una luz encendida y no decir que “no pasa nada, porque vamos a volver en un rato a la habitación”.

Aceptemos los errores, digamos claramente, “sí, he sido yo” y por supuesto, pidamos perdón.

Pedir perdón es una sensación de libertad que implica quitarnos una carga de encima.

Aprendamos a quitarnos esa carga.

 

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