Jose Ignacio Mendez – Doctoralia.es

Parece algo simple de entender, ya que, en teoría, si necesitas algo, lo más normal es pedirlo.

Sin embargo, en el momento de la verdad, hay muchas personas que tienen tendencia a no pedir ayuda.

¿Por qué?

Nuestro proceso de evolución como seres humanos es, según muchos estudios, algo positivo. Hemos pasado de ser parte de un conjunto “cavernícola” a un “sapiens” con más conocimiento de su entorno y de las personas que le rodean.

(Aunque lo del entorno deja mucho que desear)

Como humanos, pensamos que el conocimiento es la base de nuestro futuro y, quizá, sea así. La tecnología y las máquinas están saturando nuestra sociedad. Hasta tal punto hemos llegado que, nuestros propios hijos, no conciben un mundo sin sus teléfonos móviles o internet.

Muchas mañanas, cuando salgo temprano de casa para visitar a algún paciente, veo a grupos de chicos esperando a que sea la hora de entrar en el colegio; inicialmente los miro con nostalgia…

Recuerdo mis días de colegio, y cómo queríamos llegar antes de la hora a la puerta del centro escolar, y no precisamente porque tuviéramos ganas de entrar en clase, sino por el hecho de jugar con nuestros amigos a los típicos juegos sociales de mi época o ver a alguien que nos gustaba.

Y estos chicos que veo ahora, también juegan, pero cada uno con su móvil. Me choca sobremanera ver a 5 chicos juntos y cada uno de ellos con su móvil… sin hablar… sin mirarse entre ellos y con la cabeza hacia abajo.

Esta es la evolución del ser humano.

No niego la importancia de los adelantos tecnológicos, pero también hay que reconocer el “retraso del concepto persona”. Ahora somos mucho más individualistas y autosuficientes que antes, y eso es uno de los factores (modernos) que nos impiden pedir ayuda cuando la necesitamos. Nos estamos desacostumbrando a socializar cara a cara, y ya no somos capaces de mirar a los ojos de las personas y sonreír abiertamente mientras hablamos de algo.

Es más fácil hacer un “selfie poniendo morritos” para llamar la atención de nuestro entorno, a hablar directamente con dicho entorno.

Pedir ayuda es un acto social, íntimo e intransferible, que precisa un grado de conocimiento de las personas que nos rodean. Y esas características se pierden con el tipo de sociedad al que vamos encaminados.

Por otro lado, existe otro factor que impide pedir ayuda.

De forma general, este factor puede denominarse “orgullo”. Quizá sea una de las reminiscencias de nuestra evolución, algo que nos viene de muy atrás. El tener en nuestro interior, una creencia firme de que nadie puede ver nuestro lado más vulnerable. Pedir ayuda es un acto de humildad, de reconocer nuestra incapacidad para solucionar un tema.

Ese reconocimiento tan íntimo, está ligado directamente a un falso concepto de debilidad. Y no sólo me refiero a los hombres, con arcaicas creencias de “machos alfa”, sino también a las mujeres, por el concepto “super woman”, o a los más pequeños por simple “vergüenza”.

¿Es lógico este sentimiento? Evidentemente…no.

Otro de los motivos por los que no se pide ayuda es, simplemente, porque no nos damos cuenta de que realmente la necesitamos.

Con esto me refiero a ese “problema” tan difícil de arrancar, denominado “creerse en la posesión de la verdad absoluta”. Estas personas no sólo no consideran que no precisan ayuda de nadie, sino que creen que son los demás los que deberían pedirles ayuda a ellos.

Es un perfil humano muy típico, del cual estoy seguro que todos conocemos a alguien.

Podíamos estar sacando a la luz motivos diversos sobre la incapacidad de algunas personas para pedir ayuda, y no nos llevaría a ninguna parte, ya que, realmente, cada ser humano tiene sus propios motivos para ser de esa forma; no somos quién a juzgar sus motivos, pues cada uno de ellos se ha desarrollado de una forma diferente a la nuestra y, de la misma forma, cada uno de ellos pagará las consecuencias de sus propios actos.

Lo importante es que, nosotros mismos, seamos capaces de reconocer en voz alta, cuándo ha llegado el momento de levantar la mirada y decir: “necesito ayuda”. Evidentemente con unos límites, ya que también hay personas que están en el otro lado; personas que sin más, antes de intentar nada por sus propios medios, ya están pidiendo ayuda, como si no fueran capaces de solucionar nada por sí mismos y tengan esa costumbre como modo de vida.

Para ello, y como siempre digo, debemos partir de una base sólida: el autoconocimiento y la aceptación propia de nuestro ser.

Sea cuál sea la situación o problema que tengamos que resolver, el primer paso es una valoración plena de todos los elementos que componen el tablero de juego.

  • Definición de la situación a solucionar
  • Cómo se ha generado
  • Posibles consecuencias si no se soluciona en un determinado plazo de tiempo
  • Nuestras propias herramientas para encarar dicha situación
  • Valoración de nuestro interior, nuestra situación y nuestra fuerza para atacarlo.

Y una vez establecidas las fichas del juego, debemos intentar moverlas según nuestro propio conocimiento y habilidades; de no resultar satisfactorio, intentarlo de otra forma, combinando otros elementos y herramientas que tengamos disponibles.

Y si después de haberlo intentado no lo hemos conseguido, es decir, si, en conciencia, hemos hecho todo lo posible para solucionar una situación no deseada, y aún así no lo hemos conseguido, es el momento de pedir ayuda.

Recordemos que, para pedir ayuda, debemos ser sociables, tener confianza con nuestro entorno, reconocer que tenemos limitaciones y no somos super héroes, saber que el orgullo no nos lleva a ninguna parte, salvo al desastre y, ser capaces de reconocer, que existen personas con más herramientas que nosotros, las cuales no pensarán que somos más débiles que ellos, si solicitamos su apoyo.

Acaso, ¿no ayudaríamos nosotros a esas mismas personas con todo nuestro interés, sin tener pensamientos hacia ellos sobre su posible debilidad?

Recuperemos nuestra sociedad, nuestro sistema colaborativo de crecimiento y sobre todo, recuperemos nuestra esencia como persona.

Pedir ayuda es algo maravilloso, no desaprovechemos ese momento mágico, de la celebración que se genera al solucionar un problema en equipo.

Si has llegado a la conclusión de necesitar ayuda para algún tema en concreto, o simplemente para desarrollar esta capacidad, ponte en contacto conmigo, estoy seguro que podremos hablar de todo esto y crear un plan personalizado para ti.

Jose Ignacio Mendez – Doctoralia.es

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