Tengo que elegir entre dos personas… ¿qué hago?

Tener que elegir, es una situación se ha presentado a muchas personas; y no hablo de la elección entre dos actividades a realizar, sino de la elección entre dos personas.

La elección entre dos personas, evidentemente, puede darse en situaciones diversas, como por ejemplo:

  • dos amistades
  • dos compañeros de trabajo
  • dos posibles relaciones sentimentales

y probablemente haya alguna más que ahora no recuerdo. De todas formas, la base es la misma para todos, ya que generan las mismas preguntas:

  • ¿con quién me quedo?
  • ¿a quién le hago caso?
  • ¿y si luego me arrepiento y quiero a la otra persona?
  • ¿cómo saber que estoy tomando la decisión correcta?

Cuando estamos en ese proceso de decisión, en esa disyuntiva, en ese momento en el que dan ganas de salir corriendo y desaparecer, para no tener que tomar semejante decisión… es cuando realmente, debemos ser fríos, y pensar las cosas con claridad.

Siempre he dicho, que el ser humano está construido de emociones, y que ellas son las que nos dominan. Si nos encontramos en una situación así, está claro que las emociones quieren tomar las riendas de nuestra vida, desequilibrando nuestra forma de pensar, y lo que, en teoría, debería ser lógico.

Antes de seguir hablando sobre ésto, vamos a obviar una posible respuesta: “Me quedo con las dos personas”

Esta respuesta es completamente válida. Sin embargo, hay más factores en juego, como que las otras dos personas, también estén de acuerdo en esa decisión; ello complica el proceso, y daría para hablar durante un par de capítulos más.

Así que, vamos a centrarnos en tener que tomar la decisión…. sí o sí

En primer lugar, vamos convertir la pregunta base “¿con quién me quedo?”, a otra un poco más afinada:

¿quién es más importante para mí?

Si hemos llegado a una situación así, es porque ambas personas, son capaces de aportarnos algo importante en nuestras vidas. Eso significa que, aunque parezca algo clásico, es importante coger papel y lápiz…. y usarlo !!!!

Apuntemos pros y contras de cada una de esas dos personas, y posteriormente valoremos las respuestas. El valorar éstas respuestas supone, muchas veces, no ser objetivo, y ello nos va a llevar, casi seguro, a tener igualdad de criterio para ambas.

Previamente a éste proceso, deberíamos conocernos lo suficientemente a nosotros mismos, como para saber lo que SI queremos en nuestra vida, y lo que NO queremos.

Con éstas valoraciones claras, el ir poniendo puntos negativos o positivos en la lista, debería ser más fácil; si conseguimos dejar de lado a los sentimientos.

Es muy probable que, a pesar de tener las cosas algo más claras, la lista no sea una herramienta definitiva para tomar la decisión. Habremos hablado con mil personas, y cada una de ellas, habrá aportado su propia opinión…

El hablar con nuestro entorno, es probable que tampoco nos sirva de nada, pues aunque demos la razón a muchas de esas personas, siguen siendo nuestros sentimientos los que mandan.

En éstos casos, y aunque suene muy radical, una posible solución, sería combatir el fuego con fuego; es decir, si los sentimientos nos impiden ver la realidad, y por lo tanto, ser capaces de tomar una decisión adecuada, en la que existan menos probabilidades de error… apliquemos más sentimientos al proceso...

Esta solución existe desde tiempos inmemoriables, pero como estamos en una sociedad moderna y civilizada, dejemos métodos bárbaros de lado, y usemos nuestra imaginación, para provocar sentimientos brutalmente fuertes

Empecemos y centrémonos, intentando sentir y visualizando la escena….

Las dos personas entre las que estamos intentando elegir, están colgadas de una barra, encima de un precipicio, a punto de caer; no aguantan más, el dolor de sus manos es insoportable y están a punto de soltarse…

Sólo podemos salvar a uno…..

Al principio parecerá algo desesperante, pero finalmente iremos directos a por una de esas personas; en ese momento, nuestro cerebro trabaja con tal velocidad, que habrá sumado pros y contras, sentimientos reales y ocultos, todo aquello que no nos atrevemos a pensar en voz alta y mucho menos a reconocerlo….

La persona que salvaremos en nuestra imaginación, será la que es más importante de las dos.

Algo tan simple, y que puede parecer tan radical, puede llegar a ser muy clarificante, si hacemos el ejercicio correctamente

Esperemos que nunca haya que hacer semejante proceso mental, pero si ocurre; os aseguro que ayuda… y mucho !!!

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