La familia… ¿siempre es familia?

La familia nos viene impuesta, generalmente no la elegimos, y por ello hay veces que nos damos cuenta que algo falla.

Es una pregunta delicada, con la que muchas personas se sentirían ofendidas; sin embargo, a veces es necesario valorar, pensar sobre las personas que tenemos alrededor y decidir si realmente son familia o no.

Casi todo el mundo piensa que la familia tiene una relación directa con los lazos consanguineos; culturalmente siempre ha sido así, nadie va a negarlo, y en un porcentaje muy alto de ocasiones, es la realidad.

Estar rodeados de progenitores, abuelos, tíos, sobrinos, primos, etc, implica, casi por defecto, estar rodeado de familia.

Pero los tiempos cambian, los conceptos también, y, por supuesto, las definiciones internas de cada persona.

A nivel legal, o por definición, la familia es un conjunto de personas unidas por un nexo en común; ese nexo siempre se ha considerado que es el parentesco. Hasta aquí es probable que estemos todos de acuerdo.

Sin embargo, a mi me gusta analizar y ver cada situación desde distintos puntos de vista; por ello, lanzo al aire otro concepto de familia:

Un conjunto de personas, que comparten SENTIMIENTOS, ilusiones, que se protegen y ayudan, que se defienden, que se buscan, que se enfadan y se piden perdón, que lloran y se ríen juntos; y todo ello sin necesidad de vivir juntos, pues los sentimientos no entienden de distancias ni de convivencia; la convivencia estrecha lazos, pero no es indispensable para tener el sentimiento de familia.

Bajo ésta perspectiva, muchas personas podrán replantearse qué es lo que hay realmente en su vida; que nos impongan personas en nuestras vidas, aportándoles títulos, no implica que sean realmente familia, sino allegados o parientes que comparten lazos de sangre.

Ese es el punto clave a tener en cuenta, los lazos de sangre crean parientes, la familia se crea con sentimientos.

Pensemos fríamente sobre las personas que tenemos alrededor; los compromisos que nos generan los arcanos conceptos familiares, muchas veces no traen auténticos quebraderos de cabeza.

Cuántas veces ocurre que personas que en apariencia son “sólo amigos”, llenan nuestros corazones y nuestra alma con sentimientos más intensos y profundos que muchos de los llamados “familiares”.

Aportemos nuestros esfuerzos y compromisos en nuestra verdad interna; nuestros sentimientos nos dirán inequívocamente, quién debe recibir nuestros esfuerzos y quién no.

No permitamos que etiquetas sociales nos hundan en compromisos que sólo nos aportarán infelicidades.

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