Ser rebelde puede ser una actitud, una filosofía de vida o una simple consecuencia a un acto.

La rebeldía es un proceso que surge desde dentro; nace en lo más profundo de nuestro ser, y nos hace comportarnos de una forma determinada.

Una persona rebelde, puede manifestarse ante diversos temas, como puede ser:

  • injusticias
  • moda
  • obediencia
  • cultura social
  • estudios
  • trabajo
  • pareja
  • familia
  • etc.

Son tantos y tantos los motivos por los que el “gen” rebelde puede asomar a nuestras vidas que, sin lugar a dudas, se puede decir que todos lo somos (en mayor o menos grado).

Rebelarnos contra algo, no deja de ser una “actitud contrariada” hacia algo que no se ha desarrollado según nuestros criterios; ante ese punto de vista, es evidente que en algún momento de nuestras vidas, todos hemos sido rebeldes.

Otras personas, han hecho del concepto rebeldía una forma de vida.

Luchar contra los condicionamientos sociales, es un claro ejemplo de lo que una mentalidad “discordante con la mayoría” puede llegar a realizar.

  • Si siempre se ha hecho así, ¿por qué no se puede cambiar?
  • si yo quiero vestir con antenas verdes ¿quién tiene derecho a juzgarme?
  • ¿quién tiene derecho a obligarme a ir a la peluquería?

Estos son casos extremos, pero que personalmente he vivido con personas que me rodeaban; Bajo cierto punto de vista, ellos tienen razón en pensar así; se consideran lo suficientemente libres como para defender su forma de vestir, de peinarse o de comportarse en determinadas situaciones.

Si ellos no se meten con nadie ni le faltan el respeto a nadie, ¿por qué el resto del mundo les mira como si fueran “seres extraños”?

Sigo diciendo que, bajo cierto punto de vista, tienen razón.

Ahora vamos a la segunda parte.

El ser humano, desde sus más tiernos inicios en las cavernas, ha demostrado ser una parte de un todo; las personas pertenecemos desde siempre a un conjunto, a un grupo determinado, a una sociedad que, poco a poco, ha ido instaurando unas normas de convivencia por el bien de todos los miembros.

En la gran mayoría de los casos, un elemento discordante, que actúa en libertad y no respeta el concepto de unidad, acababa sólo, abandonado y en peligro.

Evidentemente, hoy en día, el resultado no es tan drástico; sobre todo porque existen muchos elementos discordantes que han unido sus fuerzas para seguir con su “rebeldía común“; de esa forma, se han convertido en subgrupos, tribus urbanas o pandillas a las que todo el mundo rehuye.

La edad, también juega un papel importante en la forma de rebeldía elegida; todos sabemos que, cuanto más jóvenes seamos y menos responsabilidades tengamos, más fácil es convertirnos en elementos “distintos” de la sociedad.

Nadie tiene la verdad absoluta, nadie tiene derecho a juzgar a nadie, nadie puede obligar a nadie.

Pero, nos guste o no, debe existir un equilibrio en los actos y las decisiones que tomemos; nos guste o no, vivimos inmersos en una sociedad que, por propia inercia, marca unas pautas mínimas de convivencia; nos guste o no, si queremos sobrevivir con cierta seguridad y queremos obtener cierta tranquilidad, debemos “tragar” y unirnos a la corriente.

No digo que sea bueno o malo, pero sí es necesario.

Aunque, a pesar de de ser necesario, podemos jugar con todas las vertientes; podemos ser rebeldes y estar integrados a la vez; podemos ser nosotros mismos y, a la vez, formar parte de un equipo.

Debemos controlar nuestra mente, nuestros impulsos, saber jugar con ellos y saber integrarnos de la forma correcta… y se puede conseguir:

Si quieres saber cómo aprender a ser tú mismo y descubrirte como persona, escríbeme a info@aptitudespersonales.com

Ah, una cosa más….

todas estas palabras… las escribe un rebelde, una persona que ha luchado contra todo y que ha sido capaz de integrarse en la sociedad, aportando su granito de arena para que cada vez sea un poco mejor y, mientras tanto, desarrollándose como persona y alcanzando la felicidad.

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