¿Por qué nunca acierto en el amor?

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¿Por qué nunca acierto en el amor?

Muchas personas me hacen la pregunta clave de este artículo: ¿por qué nunca acierto en el amor?, pues a lo largo de los años, parece que no han sido capaces de elegir correctamente a su pareja. Por un motivo o por otro, la elección ha sido equivocada, lo que origina un estado de cansancio, frustración y, sobre todo, de absoluta desconfianza sobre el ser humano.

A la pregunta de “por qué de su mala suerte” a la hora de elegir parejas y me cuentan su historial sentimental y cómo les han hecho daño, no puedo evitar lanzar al aire una pregunta:

¿No te parece mucha casualidad que todas las personas con las que intentas una relación, sean “malas” y acaben haciéndote daño? ¿Insisto… siempre son “malos” los demás?

En estos casos, prácticamente nadie se plantea la posibilidad de tener algo de culpa en todo el proceso. Como dice el refrán, “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno…

Pero esto tampoco significa que seamos nosotros los “malos“.

En una relación no hay malos ni buenos; sólo hay personas con ilusiones y formas de ser, que a veces se complementan y a veces no. Sin embargo, siguiendo con la línea del artículo, vamos a centrarnos en el caso de aquellas personas que, a pesar de sus repetidos intentos, no consiguen complementarse con la persona que tienen al lado.

Hay que dejar claro que, es posible, y seguramente así sea, que de todos los intentos que haya tenido una persona con fallos repetidos, se haya encontrado con seres que realmente no merecen un esfuerzo. Aún así, sería muy interesante valorar lo que hay en nuestro interior y recapitular nuestras actitudes y formas de ser, antes de lanzar al aire una pregunta como ¿Por qué nunca acierto en el amor?, la cual parece que echa la culpa de todos los males al resto del mundo.

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A veces, nos enfadamos con el mundo injustamente.

 

Vamos a ver 10 causas por las que es probable que no toda la culpa sea de los demás, cada persona tendrá las suyas; sólo pido que, cuando se lea esto, se mantenga la mente abierta y la capacidad de autoconocimiento y de autoceptación bien despierta:

1. Las fantasías adolescentes aún se mantienen hoy en día.

Es raro encontrarnos a adolescentes que no consideren que, la intensidad con la que sienten el amor, es el único alimento que precisan de por vida. El amor se idealiza y, en consecuencia, la pareja también. Todo son extremos, tanto los felices como los tristes.

Cuando esos sentimientos se mantienen a lo largo de los años, es decir, cuando las fantasías adolescentes no han evolucionado, se tiende a pensar que el amor debe ser igual. Se cree que, si no se siente con intensidad arrolladora desde el primer momento, no es auténtico. Se suele buscar el flechazo, y de no existir, no se le suele dar más oportunidades.  Las personas y el amor, es un proceso que lleva un tiempo y hay que darle oportunidades. No pretendo decir que no existan flechazos en la madurez, claro que sí !! pero que una relación no comience con uno, no significa que no vaya a prosperar.

2. La búsqueda del “amor de mi vida” o la “media naranja”

Como se suele decir, las películas han hecho mucho mal… Es muy romántico pensar en el “amor de mi vida”; también es muy común pensar en que “yo busco a mi media naranja”. Y esas frases, aunque no lo parezca, crean un condicionamiento a la hora de conocer a las personas. Lo importante, es vivir día a día, sin buscar ese objetivo. La media naranja o el amor eterno no se encuentra buscándolo, sino trabajándolo.

¿Existe? si !! pero si conocemos a una persona, escrutándola con el fin de que se convierta en nuestro amor de la vida, no llegaremos a valorar lo que esa persona realmente puede aportar. Cuando se conoce a una persona, simplemente hay que pensar en ese momento, sin plantear opciones de futuro; si la relación sigue, ya llegará el momento de lanzar esas cuestiones al aire. Pero mientras tanto… despacio… sin prisa… a ver qué puede ofrecer y qué le podemos aportar.

3. Creer que debe ser la otra persona la que llene todas nuestras expectativas

Esto suena muy egoísta ¿a que si?; acaso ¿no debemos nosotros también cumplir todas las expectativas de la otra persona?. Aunque se reconozca que la respuesta a esta última pregunta es un SI, eso no quita que la tendencia de muchas personas es la de pedir antes de dar. Es muy típico escuchar expresiones como “primero, a ver cómo es, y luego ya veremos“. Sólo con decirlo en voz alta, estamos programando nuestro comportamiento de forma inconsciente; la consecuencia, es que nos convertimos, sin darnos cuenta, en meros espectadores de la relación, esperando a ver qué ocurre, mientras dejamos que la otra persona “lea nuestros pensamientos” para que nos de lo que queremos en cada momento. Esa actitud, condena esa relación, de forma irrevocable, al fracaso.

4. Pensar que la persona ideal debe ser un reflejo de sí mismo

Cuando nosotros pensamos que la culpa del fracaso de nuestras relaciones no es nuestra, es muy fácil pensar también que nosotros no cometemos grandes errores; por lo tanto, de forma inconsciente, estamos pensando que somos maravillosos y podemos aportar muchísimo a la pareja que se lo merezca.  También pensaremos que, lógicamente, sólo se lo merece si es como nosotros; cuanto más se parezca a nosotros mejor y si no… no es compatible… Esta forma de pensar también limita el desarrollo de la relación, ya que, aunque debe existir un grado de compatibilidad bastante alto, no podemos buscar un reflejo de nosotros mismos. Debe existir una adaptación por las dos partes y no, que nos lo den todo hecho.

5. La falta de capacidad de compromiso

Una relación tiene muchas definiciones, y en todas ellas, aparece la palabra compromiso. Es decir, “o se está o no se está, pero a medias no vale“. El compromiso genera estabilidad, lealtad y confianza. Lógicamente debe darse por las dos partes. Si alguien no es capaz de detectar, que no está preparado para adquirir ese compromiso, esa persona, sin darse cuenta, arruinará sus relaciones constantemente, buscando motivos absurdos y justificaciones como: “no era para mí, no me gustan las personas tan altas o gorditas o no me gusta cómo piensa.” La falta de capacidad de compromiso, suele ser uno de los motivos principales que causan las rupturas constantes. También suele ser el factor más difícil de detectar, ya que es complicado que se admita.

6. Tendencia a centrarse en otros aspectos (como el trabajo) que pueden dejar de lado la relación

A veces ocurre y no nos damos cuenta, pero una actividad laboral intensa, puede romper cualquier relación. No tiene por qué ocurrir, sin embargo, es un aspecto a valorar. Si somos de esas personas que estamos trabajando 12 horas, y la otra persona no tiene un trabajo como el nuestro, es muy probable que no comprenda nuestra dedicación, con el resultado que eso conlleva. Que nuestro trabajo/hobby/actividad extra, sea maravilloso y seamos muy felices con él, no implica que el resto de las personas lo vean igual.

7. Exceso de desconfianza

No todo el mundo es bueno, y eso lo sabemos, pero ese hecho no nos da licencia para desconfiar de todo el mundo, porque tampoco todo el mundo es malo. Con esto, no quiero decir que debamos abrirnos al 100 % desde el principio; cada cosa tiene su momento y poco a poco hay que abrirse a la otra persona. Aun así, no podemos partir desde cero; una relación es una apuesta y, por ello, debemos poner nuestra “apuesta” sobre la mesa, aportando confianza y no permitiendo que la imaginación nos juegue malas pasadas.

8. Un listón excesivamente alto, en base a experiencias pasadas, que nos hace ver sólo los defectos de la otra persona, sin tener en cuanta su potencial

Este factor es muy común; cuando hemos tenido varias experiencias negativas la forma de pensar cambia. En lugar de hablar sobre lo que queremos, nuestro discurso se basa en lo que NO queremos; y ese listado suele ser muy grande, tanto, que es probable que no haya nadie que supere nuestro filtro.

9. Vergüenza para hablar de temas íntimos, que pueden originar un enfriamiento de la relación

A veces ocurre que nuestras relaciones íntimas no son satisfactorias y, en lugar de hablar de ello, guardamos silencio y esperamos a ver qué pasa. Nuestra impronta, cultura y socialización, nos han forjado una forma de ser, “pero lo que se debe hablar, no debe ser callado“; con silencios, difícilmente se pueden solucionar los problemas; si no sabemos expresarnos en relación a los temas íntimos, quizá sería buena idea acudir a un especialista, en lugar de permitir que la relación se enfríe.

10. Incapacidad para expresar las emociones y los sentimientos

Esto puede ocurrir en personas que han tenido una educación estricta, o de ciertos valores algo arcaicos, o también en personas que han sufrido tanto, que ya no se atreven a hablar de sus sentimientos. En cualquier caso no es una buena idea. Los sentimientos y nuestras emociones, son parte de nuestro proceso de comunicación. Si un proceso de comunicación no se realiza correctamente, es imposible que el mensaje llegue a su destino de la forma adecuada, lo que implica un fallo constante en la comunicación, con las consecuencias que ya nos imaginamos.

Por último, sin querer incluir este factor en el listado, podemos encontrar a la persona que siempre escoge a la persona inadecuada, con problemas mentales, emocionales, económicos, de adicciones, de carácter, etc. Si este factor es repetitivo, implica un patrón de comportamiento que debería ser valorado por un especialista.

Una vez leído este artículo sobre ¿Por qué nunca acierto en el amor? y las 10 probables causas del fracaso en la relación, sería interesante hacer un estudio en nuestro interior, y valorar si, alguna de ellas (o varias) , forman parte de nuestra vida.

Y tú… ¿te identificas con alguna de estas causas?¿alguna vez has tenido que reconocer que la culpa no siempre es de los demás? ¿Es posible que hayas acabado con alguna relación por alguno de los factores que hemos expuesto? Cuéntalo en los comentarios !!

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