Pásatelo bien con tus defectos

Vamos a empezar hablando, directamente y sin tapujos, de este tema.

Los defectos nos convierten en personas inseguras, amargadas y disgustadas; ello implica, que es un maravilloso terreno abonado, para los problemas de desarrollo personal.

Aunque, ¿quién afirma lo que deben ser defectos?

Por otro lado, una persona que, constantemente, tiene en mente sus “defectos”, es muy susceptible, de convertirse en una persona con una auto-estima excesivamente baja.

Desde ese punto de vista, no podemos olvidar que, cuando tenemos la auto-estima baja, a nuestro modo de ver, los posibles defectos se multiplican y, no vemos más que lo negativo que hay en nosotros.

Es decir, entramos en un círculo vicioso del que, difícilmente, podremos salir.

Algunos ejemplos de “defectos”, que otras personas también llamarían debilidades son:

  • nerviosismo
  • indecisión
  • egoísmo
  • tozudez
  • arrogancia
  • grosería
  • impuntualidad
  • ingenuidad
  • falta de confianza
  • pesimismo
  • ansiedad
  • incredulidad
  • falta de compromiso
  • irresponsabilidad
  • falta de concentración
  • desorganización
  • vaguería
  • envidia
  • inmadurez
  • hipocresía
  • avaricia
  • apatía
  • etc.

La lista podría ser interminable; tan eterna como baja sea la auto-estima de las personas que se dediquen a enumerarlos.

Ahora, cambiemos por un instante el punto de enfoque:

A las personas, nos resulta bastante fácil juzgar los comportamientos de los que nos rodean; hasta tal punto que, si alguien realiza algo que consideramos incorrecto, enseguida detectamos ese error.

Creo recordar que había un refrán que hablaba de esto:

“Ver la paja en el ojo ajeno, pero no ver la viga en el nuestro”

En el momento en el que aparecen semejantes pensamientos, ya estamos juzgando a la persona y, evidentemente, a la ligera.

Si somos capaces de reconocerlo fríamente, esa situación sucede más de lo que debería.

  • ¿Por qué nos resulta tan fácil encontrar los defectos de los demás?
  • ¿Por qué no vemos los nuestros igual de rápido?

Como ya sabemos todos, lo difícil, es ver nuestros propios errores.

Si lográsemos ver en nosotros mismos, todos los defectos que somos capaces de encontrar en otras personas, nos resultarían mucho más sencillo “evolucionar” y controlar nuestras actitudes.

Sin embargo, conocerse a uno mismo no es una tarea fácil.

Si pudiéramos vernos desde fuera de nuestro ser y, observarnos durante nuestros actos, aprenderíamos mucho de nosotros mismos.

Pero, sin duda alguna, resulta complicado intentar separarnos de nuestro cuerpo, mientras estamos conversando o realizando alguna actividad, para así poder vernos desde fuera, y ser capaces de juzgarnos objetivamente. Aunque podemos intentarlo, (con mayor o menor éxito), hay otros modos, más sencillos, de analizar nuestro comportamiento.

Lo primero es darnos cuenta que, todos somos seres humanos.

Y tan sólo, por ser capaces de reconocer que somos seres humanos, ya nos estamos definiendo como seres “no perfectos”, ya que nos equivocamos y cometemos errores.

Cometemos los mismos errores que nuestros semejantes; así pues, ¿qué mejor modo de conocernos a nosotros mismos, que observando a las personas que nos rodean?

Observando a los demás nos veremos en un espejo, aprenderemos, comprenderemos y quizá, nos daremos cuenta que, los defectos, no son tan defectos.

Empecemos, por detectar esos posibles “defectos” que creemos tener y que, quizá, nos afecten más de lo que pensamos.

Ahora vamos a pensar en algo cotidiano:

Vamos andando por la calle y nos cruzamos con una persona que conocemos, y que nos saluda fríamente.

Esa actitud hacia nosotros nos molesta; así que lo normal, es que la juzguemos negativamente y que nuestros pensamientos acerca de esa actitud no pasen de ahí.

Recordando lo que hemos hablado antes, si nos ha molestado ese comportamiento, al ser todos los seres humanos semejantes, significa que, si yo actúo de ese modo, otras personas pueden sentirse ofendidas.

A partir de ese momento, deberíamos proponernos saludar siempre de la forma adecuada, con una sonrisa.

La misma conclusión podríamos obtener, si sentimos que una persona es egoísta, soberbia o terca.

Debemos aislar cada una de esas actitudes negativas, e interiorizarlas como una norma a no seguir. Si hacemos esto, además de descubrirnos como seres humanos, podremos convertirnos en mejores personas, lo cual conllevará que los demás sientan respeto y cariño hacia nosotros y, asimismo, una mayor aceptación social.

Podemos decir, entonces, que el mejor espejo que podemos utilizar para conocernos a nosotros mismos son las personas.

Los seres humanos no somos perfectos. Tenemos nuestros defectos físicos y emocionales con los que tenemos que convivir. Defectos que podríamos cambiar, llegado el caso, pero que antes de nada tenemos que aceptar, si realmente lo son.

Pero cuando digo aceptar, no me refiero a aceptar los defectos, sino a aceptar que son parte de nosotros y de nuestra personalidad.

Mejorar la auto-estima, implica un proceso de autoestudio, y eso, no es necesariamente uno de castigo.

El primer paso es reconocerlos, pero ¿reconocer qué?

¿Reconocer el error, reconocer que nos hemos equivocado o, sencillamente, reconocer nuestros defectos?

Defectos, en apariencia, los hay por todas partes, y debemos aceptarlos si queremos avanzar en la vida y mejorar la auto-estima.

“Me sobran kilos, tengo canas y las arrugas se notan mucho”

“Por otra parte, a veces soy egoísta, no me esfuerzo lo suficiente y la vida me supera con facilidad”

¿Eso son defectos? Cada uno debe valorar, según su propia experiencia, si realmente se pueden catalogar como tal.

Los defectos están ahí para aceptarlos, lo que no significa, que debamos mantenerlos en su sitio sin intentar cambiarlos.

Los defectos se aceptan reconociéndolos.

La mayoría de las personas, si vemos que no los podemos superar, intentamos no pensar en ellos, aunque sabemos que están ahí, pero como no nos gustan, intentamos ignorarlos en la medida de los posible.

Esa actitud es un desastre.

Si quieres aprender más del tema de los defectos, realizando ejercicios que te permitan aprender a disfrutarlos y a diferencialos, sólo sigue este ENLACE.

Y mientras tanto, jamás debemos olvidar que, las personas que nos quieren, nos quieres por cómo somos; si dejáramos de ser como somos, quizá no estaríamos rodeados de esas personas. Este pensamiento, por sí mismo, ya nos indica que no tenemos tantos “defectos” como pensamos que tenemos, y que simplemente, son rasgos de nuestro carácter.

 

 

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