Tengo un secreto… ¿te lo cuento o no?

Tener un secreto, a veces quema, como si guardáramos en nuestro interior la lava de un volcán. Se supone que si guardamos esa información en nuestro interior, es porque alguien nos la ha confiado, o porque sabemos algo que debe ser guardado.

El problema radica cuando sabemos que, si guardamos esos datos, es muy probable que otras personas se vean perjudicadas. Personas que queremos y por las que nos preocupamos; no queremos hacer daño a nadie, sin embargo, no contar lo que sabemos, quizá haga más daño.

Es en ese momento, cuando debemos tomar la decisión que marcará la diferencia:

Si cuento el secreto, traicionaré la confianza de alguien a quien aprecio (o a mí mismo), y si no lo cuento, alguien querido por mí se verá dañado.

¿qué hacer en éstos casos?

Si practicamos la empatía directamente, y conseguimos colocarnos en el lugar de la persona a la que dudamos si contárselo o no, nos preguntaríamos:

“¿a mí me gustaría que me lo contaran?”

Y como todo lo que tiene relación con el ser humano, las posibles respuestas son tan variadas como seres humanos; es decir, que unos dirían que preferirían saberlo y otros que mejor no.

Eso implica que hacernos esa pregunta no funcionaría…. probemos ahora con una variante a ver qué ocurre:

“¿a fulanit@ le gustaría que yo le contara éste secreto?”

En éste caso, la respuesta está supeditada al conocimiento que tengamos de fulanit@. Si consideramos, que conocemos a esa persona, tanto como para poder tomar esa decisión en su nombre….. adelante…. pero, ¿estamos seguros de conocer a esa persona tanto como para ello?

Equivocarnos en esa decisión, basada en sentimientos ajenos, puede suponer un mal trago difícil de solucionar. Personalmente, me parece un riesgo innecesario.

Las opciones se van agotando, y aún no sabemos qué hacer; el fuego nos quema por dentro, las palabras asoman a nuestros labios, pero nos da miedo tomar una decisión pensando en que nos vamos a equivocar.

Bien, vamos a valorar las dos posibles formas en las que nos ha llegado la información:

a) Alguien nos ha transmitido la información, avisándonos que es un secreto

En el primer caso, aquí sólo vale la opción de prevenir. Es decir, si tenemos claro que no sabemos guardar secretos, no permitamos que nos lo cuenten; y si nos lo han contado sin nuestro permiso, dejar claro que no estamos de acuerdo en guardar esa información (si consideramos que debe ser así).

Un secreto, es un contrato, el cual vincula moralmente a dos o más personas, y por lo tanto debe ser “firmado” con nuestra voluntad. De no ser así, moralmente no debe afectarnos y, por supuesto, no sentirnos vinculados ante algo que nos han “obligado” a guardar.

Tengamos el valor suficiente como para decir “NO”, y sigamos con nuestra vida; una persona que nos “obliga” a guardar una información, ha faltado a nuestro respeto y, por lo tanto, no debe ser considerado “amig@”. Sólo con ese sentimiento quedamos liberados de ese supuesto “secreto”.

b) La información nos ha llegado de manera involuntaria, y no sabemos qué hacer con ella.

Esta es una decisión que requiere mucho tacto. Quizá la mejor forma sea hablar de temas paralelos o similares con esa persona, llevándola al que nos interesa; dejemos que esa persona sea la que nos vaya marcando el camino. Os aseguro que éste proceso, hecho con paciencia y cariño, consigue aportarnos el dato que necesitamos, para saber si debemos contar el “secreto” y sobre todo, cómo debemos hacerlo.

No olvidemos, que no es lo mismo transmitir una información usando unas palabras u otras.

Sea cual sea la decisión que tomemos, ante todo, debemos tener claro, que los pasos que vamos a dar, son los que daríamos una y otra vez si la situación se repitiera; es decir, que no nos vamos a arrepentir de ello; también debemos tener claro que el amor, el cariño, la amistad y el compañerismo, guían nuestros pasos; y, por último, mucha paciencia para saber cuándo es el momento de tomar la decisión, y qué palabras, gestos y entorno seleccionar para ello.

Contar un secreto o no contarlo, es algo muy personal. Sea cual sea la decisión que tomemos, debemos tener siempre nuestra conciencia tranquila, pues es ella la que nos va a marcar los pasos a seguir.

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