¿Tienes mala suerte?

La suerte es una palabra muy usada, y muchas veces de forma ligera.

Hay muchas personas, que suelen decir la famosa frase: “todo me pasa a mi”, “si pongo un circo me crecen los enanos”, y más frases de ese estilo, que al fin y al cabo, son quejas de la mala suerte constante. que una persona puede llegar a tener.

Es cierto, que hay ocasiones en las que parece que la famosa “Mala fortuna”, se ceba en una persona, ya sea en una época determinada o bien por épocas alternas.

Otras muchas personas dirían que “no creen en la mala fortuna”, o que simplemente, eso no existe.

Yo más bien diría que ambas teorías tienen su parte de razón. Para dar la explicación, podemos partir de dos conceptos claros e indiscutibles:

  1. toda acción tiene una reacción
  2. la aleatoriedad/probabilidad claramente existe ( y si no, que se lo pregunten a los matemáticos)

Para no extenderme mucho, hay un refrán que dice: “a Dios rogando y con el mazo dando”. Si traducimos éstas palabras al tema que nos ocupa, fácilmente podemos adivinar que, en muchas ocasiones, la mala suerte es buscada por nosotros.

Un ejemplo claro, podría ser la probabilidad de tener un accidente; esa probabilidad, aumenta proporcionalmente, al número de horas que estemos sentados en el coche. Es lógico pensar que, cuanto más tiempo estemos en la carretera, mayor será la probabilidad de que algo nos pase.

Otro dicho muy común es: “al cocinero se le rompen huevos”. Fácil de comprender, al que hace cosas, le pasan cosas.

Si fuéramos capaces, de analizar fríamente nuestras acciones en la vida y, de la misma forma, juzgar cómo ha sido el proceso, que nos ha llevado a una situación de “mala suerte”, es muy probable, que se deba a que hemos hecho cosas que no deberíamos hacer; éstas han generado una serie de acontecimientos encadenados, que nos han llevado hasta ese punto de queja.

Para los más excépticos a racionalizar cosas, no hablo del típico caso de personas a las que, de repente, se le ponen muy enfermos varios familiares a la vez, y se pasan la vida de hospitales; ese es el caso de una probabilidad matemática que se ha cumplido, la misma que si toca la lotería. O de personas, que a ellas mismas les caen muchas enfermedades. Este caso sigue siendo probabilidad; no hay que darle más vueltas.

Antes de quejarnos de las cosas que nos pasan, quizá sería bueno pensar, “por qué” nos pasan, “qué” nos ha llevado a ese momento y “pensar” si realmente existen culpables o no.

La actitud, juega un papel determinante en el proceso de obtener el famoso “mal fario”. Una persona negativa, fácilmente se verá envuelta en procesos que le llevarán a tener que decir más adelante que todo va mal.

Resumiendo, no todo es mala suerte. No todo es una energía cósmica negativa que va contra nosotros. No siempre somos inocentes de las cosas malas que nos ocurren.

Aceptemos que quizá seamos culpables; aceptemos que quizá tengamos algo que ver con las cosas que nos ocurren.

Quizá, poco a poco, consigamos darle la vuelta a aquellas situaciones que nos desesperan, y convertirlas en momentos de alegría.

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