Date el valor que mereces, ni más ni menos

Algunos de los grandes logros de nuestra vida, son los responsables directos de lo que somos ahora mismo; si hemos sido capaces de asumir algún tipo de responsabilidad, sea cual sea, implica que hemos desarrollado algo fuerte en nuestro interior.

Por lo tanto, aunque no lo queramos ver, hemos conseguido muchos logros a lo largo de nuestros años de vida.

Los logros, generan sensaciones muy positivas. Crean sistemas de “regocijo” y de valor personal, nos elevan por encima de la media de nuestra vida y nos hacen sentir “plenos”; bajo esa perspectiva cuantos más logros tengamos, mayor sensación de plenitud tendremos.

Sin embargo, muchas veces, no nos damos cuenta de la cantidad de logros que hemos conseguido a lo largo de nuestra vida; muchos de ellos, a simple vista, pueden parecer insignificantes, sin embargo, si no fuera por ellos, es muy probable que no estuviéramos ahora mismo donde estamos.

Una de nuestras asignaturas pendientes, es la de valorar nuestros logros, no dejarlos en saco roto y darles la importancia que realmente tienen.

La valoración personal es mucho más importante de lo que puede parecer a simple vista

Necesitamos valorarnos, y no se trata del aspecto físico que tenemos, ni de cuánto llamamos la atención por nuestro cuerpo, ropa o maquillaje; ni tampoco de las pertenencias, ni del poder que ejercemos sobre otras personas; se trata de una valoración personal por lo que somos, no por lo que aparentamos ser o tener.

El ego, se encarga de cuidar la imagen que tenemos de nosotros mismos; desde pequeños, se ha ido formando según los conceptos que otros han inculcado sobre nuestro valor personal; Eso comenzó con lo que nuestra propia familia señalaba, y posteriormente con lo que nuestras amistades y demás relaciones incorporaban.

Por lo tanto, el ego de un adulto, es el resultado de las opiniones y prejuicios de otros, hasta que se hace conciencia de sí mismo, más allá de las apariencias.

Tan importantes son estos temas, que existen escuelas de pensamiento; en esas escuelas, se habla de la existencia de cuatro categorías de valoración personal; en teoría deberíamos colocarnos en una de ellas pero, en ocasiones, es posible que debamos colocarnos en varias.

El problema real, radica en detectar, en qué categoría nos encontramos más a menudo:

  1. Aquellos que se creen superiores y pisotean a los demás o son irónicos
  2. Los que se creen inferiores a los demás y se auto-critican constantemente
  3. Aquellos que se creen inferiores a los demás, pero compiten para no demostrarlo
  4. Los que no se creen ni inferiores o superiores a los demás, viven felices sin compararse con nadie

Estas categorías, realmente, no son más que patrones mentales programados en nuestra mente desde muy niños.

A lo largo de nuestra vida, debemos aprender a conocernos lo suficiente y valorarnos de la forma adecuada; quizá de esa forma, consigamos dejar de “sufrir” a causa de estas clasificaciones.

Lo perfecto sería poder estar en la categoría cuatro la mayor parte del tiempo; eso implica que podremos ser felices, y a su vez haremos felices a los demás en todos los aspectos.

En esa casilla, no nos comparamos con nadie, somos lo que somos y no lo que la sociedad nos inculque, ni lo que nuestra familia o amistades quieran que seamos; ni siquiera seremos lo que nuestra mente cree que es; tan sólo seremos una persona que se conoce tanto así misma, que no necesita ser definida por nada ni nadie, ya que por sí sola, lo es Todo.

Existen ejercicios, para intentar estar en la categoría cuatro la mayor cantidad de tiempo posible; habría que comenzar por escuchar el silencio de nuestro Yo Interior; así podríamos enseñar a nuestra mente, con paciencia y amor, que no hay motivos para compararse con nadie; ni siquiera con la excusa de lograr una meta similar a la de alguien, pues debemos ser originales hasta con nuestros sueños y aspiraciones.

Hay más información sobre el tema en el siguiente enlace:  APRENDE A VALORARTE

Si hemos de compararnos, lo ideal sería que lo hiciéramos con nosotros mismos, superarnos en base a nuestras características personales.

Somos únicos e irrepetibles.

Si alguien nos inspira, que sea para iniciar nuestro camino de evolución, pero una vez que arranquemos, comencemos a construir nuestro propio sendero.

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